Trece tristes trances #10: Hautacam

18 Abr

Es 16 de julio de 1996. Sobre las 4 de la tarde. Roux inicia la ascensión con medio minuto de ventaja. Hace calor, mucho calor. Camino por la casa descalzo hasta llegar a la nevera. Sólo hay medio limón cortado y una cerveza.

Ayer no dormí por la noche, el calor no me dejó pegar ojo. “El calor”, me miento. Hace una semana que te has marchado.

Siempre queda medio limón cortado. Da igual la época del año, los limones nacen, crecen y mueren en la nevera. Pero siempre dejan descendencia, otro medio limón que se burle de ti la próxima vez que la pálida luz de la nevera ilumine el baldosín blanco de la cocina.

Un chasquido, un exabrupto y un portazo. Vuelvo al sofá. Rominger se descuelga. Lanzo lejos los cojines, me dan calor. Debajo de uno de ellos aparece una de tus revistas. Hace una semana que te has marchado.

Marcada, doblada por la esquina, la página con el borde perfumado de un anuncio de colonia. Imagino que es la tuya (y digo imagino porque sé que no lo es) y aspiro. Huele a perfume barato en envase de diseño, a culpa, a “te quiero pero ya no puedo más”, a kiosko en la Gran Vía, a los Pirineos en flor. Hace una semana que ya no estás.

De la televisión una voz entre triste y resignada, ruido de motos y helicópteros. Bjrne Riis ataca e Induráin se queda en las rampas de Hautacam. Y yo me hundo con él. Nos deshacemos los dos, nos convertimos en polvo, nos disolvemos en el sol de julio como se disuelven las ondas del agua en la orilla. Los dos, en nuestro pedaleo cansado, en la rampa más dura. Ahora es demasiado tarde para pedir una tregua y estamos solos, cara a cara, con el punto final.

Y es entonces cuando nos convertimos en algo distinto: él en un recuerdo de los aficionados; y yo ya soy, oficialmente, tu error favorito.

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2 comentarios to “Trece tristes trances #10: Hautacam”

  1. Escribiente abril 24, 2011 a 1:03 pm #

    Como cuando alguien exquisitamente preparado, con sus mejores galas, deja a su paso el aroma de la colonia en que se ha sumergido…Así le ocurren a tus textos…

    A su lectura, y entre líneas también, van dejando un persistente aroma a melancolía…

    Es matadoramente hermosa…Y mi gesto no sabe si sonreir o llorar..Casi siempre, las dos cosas.

  2. Laura abril 27, 2011 a 7:22 pm #

    No me he ido demasiado lejos y esto que acabo de leer, es lo más directo y chocante que he leído de ti en mucho tiempo.
    Como dicen por aquí arriba, es realmente hermoso. Y eso ya lo es todo.
    Besos levantinos.

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