Trece tristes trances. #1: Cuando ella toca el piano

9 Mar

Cuando ella toca el piano, las ciudades se paran y llega el verano. Los recuerdos que he almacenado y que se relacionan con ella se parecen a las fotos antiguas, esas casi desenfocadas, llenas de puntos de colores de un mal revelado.

En esa época, el tiempo no importa. Eres un crío cuya única preocupación es el partido de fútbol de esa tarde, marcar un gol o el pinchazo de tu bicicleta. Julio es eterno y en agosto tu madre te persigue para ponerte una chaqueta de punto. “En agosto…”.

No, desde luego que el tiempo no importa. Es una variable absurda, algo de lo que los adultos hablan a voces, algo que maldicen cuando para la siguiente visita has crecido un poco más o el día de tu cumpleaños o cuando se cuentan anécdotas en la sobremesa.

La vida no es una ciencia exacta. Es lo más parecido al mito del caos que conozco. Es un vacío que no ocupa un lugar físico sino que más bien se rige por las leyes que en cada momento eliges o te vienen impuestas. Cuando uno es un niño sin preocupaciones lo es, en primer lugar, porque el tiempo no es una constante, no es una opción, ni siquiera se intuye.

Después, detrás de una de las esquinas de la vida está él. Y entonces julio se vuelve un pellizco en el corazón, agosto una cuenta atrás. Quizá es el día en que pasas de la infancia a una suerte de madurez adormilada, te conviertes en una persona distinta. Y por fin, al final del camino, intuyes que nada es eterno. Puede que sea porque lo has vivido en tus propias carnes, porque has velado ya los restos de tu infancia. No lo sé. Tampoco importa.

Ahora duele volver a sentirlo. Duele haber olvidado que hay momentos irrepetibles, que las personas que siempre han estado ahí de un modo tenue pero perceptible, sutil pero constante, algún día van a desaparecer. Lo hacen como los días más largos del verano y el recuerdo de posar para esas fotos.

Y las notas del piano siempre expiran antes de lo que te gustaría.

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2 comentarios to “Trece tristes trances. #1: Cuando ella toca el piano”

  1. Escribiente marzo 13, 2010 a 3:05 pm #

    Recuerdo a mi madre, las tardes de julio, cuando al volver yo de andar en bicicleta, se empeñaba en tirarme el jersey por el balcón…..Y me he emocionado porque hace ya tiempo que el tiempo se esfuerza en ir desdibujando las caras de los adultos de mi infancia…
    El día en que desaparezcan todas significará que yo empezaré a ser una de las caras que borra el tiempo de la infancia de otros y duele saber que ya queda poco…
    ¡¡¡¡Cómo me emocionan tus textos¡¡¡¡¡ Son un auténtico regalo para mí….
    (y pensar que antes??? no había tiempo y que todo empezó con el big bang)
    Besos…

  2. Maggie marzo 17, 2010 a 7:51 pm #

    Siempre todo expira antes de lo que te gustaría….pero la naturaleza es sabia….

    qué ducha vivificante…

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