La vuelta al día en ochenta mundos

27 May

A M que una vez me dijo “Este viaje nos lo merecemos”

Gyara es lo que se dice, una ciudad con encanto. En las guías de los turistas sustituyen los nombres de sus calles – impronunciables en nuestro alfabeto- por descripciones livianas, fáciles de digerir. Pero hace falta visitarla para darse cuenta de que todo lo que la rodea es turbador, extrañamente bello. Los domingos por la tarde sus habitantes desfilan organizados y toman todas las calles para sorpresa de los visitantes. Recitan al unísono suðs. Los suðs no están formados por palabras. Son tan sólo sonidos que a los oídos de estos extraños habitantes resultan relajantes, casi místicos.

Gyara no está a la orilla de ningún mar, sin embargo su sonido, el sonido del agua chocando contra las rocas en los días ventosos o su tranquilo vaivén de verano, se puede escuchar en todos los balcones de la ciudad. La gente coloca en ellos molinillos de papel de colores, jaulas vacías, violonchelos relucientes.

En los mercados de Gyara encontré las mejores cajas de música de esta esquina del mapa. La mayoría de sus habitantes son artesanos. Tallan la madera, fabrican hasta el más pequeño de sus resortes, inventan sus melodías. De hecho, no hay una sola caja de música de Gyara igual a otra. En estos grandes puntos de encuentro, los mercaderes regalan sus productos, todo el mundo tiene lo que necesita, todos pueden sentarse tranquilamente en la terraza de un café y escuchar las melodías que vuelan desde los puestos. Nadie teme que llegue el anochecer, nadie echa de menos nada.

Sólo existe una manera de llegar a Gyara. Si hay una próxima vez, tan sólo quiero que vengas conmigo y lo veas con tus propios ojos. Seremos pronto, uno de ellos.

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2 comentarios to “La vuelta al día en ochenta mundos”

  1. escribiente mayo 30, 2009 a 5:59 pm #

    Estremecedoramente hermoso. Yo también quiero un Gyara, donde suene el mar, el viento, la música, la madera, y sobre todo, donde encuentre lo que necesite.
    En tu descripción hay una preciosa fusión de lo natural -el disfrute por los sentidos- y lo íntimo. Una mezcla perfecta. Abrazos.

  2. Laura junio 6, 2009 a 1:15 pm #

    No sé por qué pero se te nota feliz, muy feliz.

    🙂

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