El rapto de Elena

3 Abr

La puerta abierta finge una silueta al otro lado. La conspiración de un final (no importa que sea feliz, sólo que sea un final) se presenta, se sienta, enciende un cigarrillo, me mira sin hablar. Y me pierdo en los detalles, en su ropa y en ese peinado a lo Bette Davis. La tensión es un hilo que tira de la piel en mi espalda, que me impide pensar con claridad, que me dice lo absurdo que resultan los aplausos al aterrizar y la música de los supermercados y los poemas que descubrí en el bolsillo de mi abrigo viejo. Lo absurdo que es, en suma, comenzar esta guerra por el mero hecho de rebelarnos contra los dioses invictos de la Tozuda Realidad. Así que por mí, que empiece la música y que salgan los créditos: lo único que necesito es un final.

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