La Ciudad Invisible (II): Oporto

15 Ene

Mirábamos el río y el río nos devolvía la mirada. Los días y las noches caían enredados a nuestros pies, bañados en vinho verde, en una ciudad con hechuras de dama de clase alta, con sus miserias, sus locuras y su árbol genealógico. Y al amanecer nos acercábamos a sus aguas mientras nuestros padres, en el dormitorio, soñaban con la nada y a cambio obtenían nada. Mirábamos el fuego mientras susurrabas “Éste es mi color favorito”, y los cristales rotos de todo Oporto temblaban de frío. Y la catedral a tu lado parecía más un cuartel, con su patio de armas, sus gárgolas amenazando, sus conquistas en los peldaños de la escalinata. En los cafés Rimbaud, en los teatros Sófocles, en el tranvía Pound y en las fachadas todo un desfile de grises. Y tu corazón y tu sangre eran amables, calientes. Eran todo lo que necesitaba. Y una mañana, perdiéndome en el mercado Bolhao, sentí la ausencia. Y corrí hacia el río para mirarlo, pero el río, ese maldito viejo miserable, ya nunca volvió a levantar la vista.

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6 comentarios to “La Ciudad Invisible (II): Oporto”

  1. La pequeña Lo enero 15, 2009 a 10:00 pm #

    Y yo tengo q volver a decirte q es impresionante. Tienes una forma de ver las cosas que va más allá del bien y del mal. Eres capaz de encontrar belleza en todas partes.

  2. Olga B. enero 16, 2009 a 1:49 am #

    Es el mejor desde que vengo. La personas que amamos hacen que todas las cosas sean diferentes, que el río nos mire. Si sentimos la ausencia, las cosas se vuelven normales. Por eso el río ya no podía mirarte.

  3. marisa enero 16, 2009 a 3:31 pm #

    Bellísimo texto…Ese río y el dolor de la ausencia.Y la mirada buscada y no encontrada. Un fuerte abrazo

  4. Ariel. enero 16, 2009 a 6:49 pm #

    Sin duda, cuando sucede la agonia llega en un dos por tres. Buscas quien te regale una mirada y nadie aparece.

  5. Laura enero 17, 2009 a 1:37 pm #

    Y lo que cuesta acostumbrarse a que el rio ya no nos mire… Y lo impotente o lo rabiosos que podemos sentirnos cuando admitimos (porque no hay otro modo de verlo o negarlo) que esa persona lo cambiaba todo, y lo hacia más bonito.

    Besitos!

  6. escribiente enero 17, 2009 a 9:22 pm #

    Es precioso. Encierra el alma de Oporto y acabas respirando la ciudad. Esa figura que la compara con una dama de clase alta es de diez.
    Y todos los sentimientos que vas sembrando: la ternura, la decadencia, la nostalgia, la pérdida…..y esa sensación, magníficamente plasmada, de que “tu pérdida”, no es que no importe a nadie más que a tí, es que el resto, indolente, acaba resultándote insolente…Ese río -viejo y miserable, que se aguante- que ya no se digna la levantar la mirada….¡Una gozada de texto¡¡¡¡

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