Discos para un mundo mejor (IV)

29 Dic

A veces ocurre que mientras lees un libro (cualquiera de Baudelaire o Panero por ejemplo) comienzas a querer borrar los versos por los que pasas. Los quieres borrar porque los querrías para ti, los querrías haber escrito tú, en una noche de insomnio y soledad o en una buena racha, da igual, pero desearías tener la misma sensibilidad, la misma cintura para bailar con las palabras que ellos. La misma manera de construir un crescendo, un final perfecto, una estatua en un folio.

Algo así sucede con Un soplo en el corazón. Detrás de ese aire casero que impregna el disco hay una ciudad, San Sebastián, puesta en un caleidoscopio. Hay un mar que lo impregna prácticamente todo. Hay sueños de verano y de invierno, salas de baile semivacías, cohetes naranjas. Está el último gol de Océano en el viejo Atocha, la única foto borrosa de los miembros de la banda paseando por la playa de Gros, el suspiro con el que se acaba Martín se ha ido para siempre.

Es el retrato urgente de la juventud de Iñaki Gametxogoikoetxea y Javier Aranburu (hoy diseñador de portadas para Los Planetas o los también donostiarras La Buena Vida entre otros) en 14 canciones, las únicas que publicarían. Pero también el estandarte para la entonces emergente escena independiente nacional que visto con perspectiva, no pudo tener un título más apropiado.

Family Un soplo en el corazón (Elephant, 1994)
VV.AA. Un soplo en el corazón (Homenaje a Family) (Rockdelux, 2004)

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Una respuesta to “Discos para un mundo mejor (IV)”

  1. Olga B. diciembre 29, 2008 a 5:50 pm #

    Algo parecido a lo que describes al principio me pasó con los poemas del manicomio de Mondragón la primera vez que los leí. Otra cosa, que tú llamas sensibilidad y yo no sé bien cómo nombrar, algo distinto y nuevo que nos toca de otra manera. Este año ha vuelto a pasarme con otros dos autores. Bailar con las palabras o con la música. Quizá hay gente que sigue su propio ritmo y lo tiene y lo transmite (decía no sé quién que para ser genial sólo hacen falta dos cosas: creerse genial y acertar; el problema, evidentemente, es la segunda cosa:-) y su ritmo se queda en la memoria y el corazón, mientras otros son iguales a otros tan iguales a otros… pero para eso hay que bailar y saltar sin red. Y tener algo dentro.
    Esas cosas a las que llamamos talento.

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