That’s (not) all, folks! II

5 Nov

Una guitarra, una armónica, un poema y un narrador es todo lo que hace falta. Y el mensaje puede llegar vía clásica (con Connor Oberst, el gigante tras Bright Eyes, destacando). O bien ser lanzado como un lamento (Eef Barzelay, te alabamos). Josh Ritter se encarga de subir hasta el cielo a Dylan en un pedestal, con The War On Drugs reinventando Like a rolling stone de fondo. Y los niños traviesos, Snowglobe, juegan en su estudio de Memphis, mezclando el pop independiente más sincero, con el folk psicodélico de sus padres para escribir un himno “à la” Happiness is a warm gun que levanta el ánimo a cualquiera. Blitzen Trapper saben a whisky áspero y The Felice Brothers a borrachera depresiva.

Son canciones de rompe y rasga, que si bien coinciden en los medios, tienen tantos fines distintos como estados de ánimo del que los escucha. Y en eso se esconde, sin duda, su magia.

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