Discos para un mundo mejor (III)

20 Oct

Estoy metido de lleno en un dilema profundo y sé que me llevará más de una vida resolverlo: no sé si es más fácil hablar de un disco desconocido para el gran público o hablar de algo tan importante como Bob Dylan. Y puestos a complicarlo todo, ni siquiera sabría por cuál de sus discos se debe empezar a hablar de él.

Pura subjetividad, pensará alguno. Y tiene razón. Todo arte en general, posee un elemento de subjetividad grande, que trasciende al superficial “me gusta” o “lo detesto”. Alguien escribió que hablar sobre música era absurdo, tan absurdo como bailar sobre arquitectura. Pero en estos días es difícil* encontrar arte que siga significando algo a los que reciben el mensaje, ya sea musicado o pintado; escrito o fotografiado. Somos tan sólo posibles clientes/compradores del próximo niño con el pijama de rayas de turno.

Mis viejos vinilos me sacan en tardes tontas como ésta, de esa amnesia colectiva. Pero no, yo tampoco estoy libre de pecado.

Blonde on Blonde (1966) es una de esas OBRAS DE ARTE (con mayúsculas) que me detienen para pensar en el mundo, sí, pero sobre todo en las personas. En cómo somos capaces de hacer cosas tan perfectas como ésta y destruir al mismo tiempo tanta belleza. Blonde on Blonde (acrónimo de Bob) es pura poesía: aún me sorprende escuchar como las palabras, fusiladas desde la boca entreabierta de Dylan, son puro ritmo. Ellas solas llevan la música incorporada, como si no hiciera falta la guitarra (quizá por esa capacidad de auténtico poeta, Dylan nunca consideró necesario mejorar su técnica al tocarla), ni la batería, ni la armónica. Estas poesías recitadas, son más que suficientes -obviando su conocida calidad literaria- para emocionar.

Lennon dijo que no había nada conceptualmente mejor que el rock’n’roll. Dylan supo canalizar toda la tradición del blues, el rock, y el folk para escribir canciones irrepetibles como esta Sad-eyed lady of the Lowlands la primera canción de la historia en ocupar toda una cara de un LP, cuyo arranque mágico es suficiente para entender que lo que se está escuchando no es una canción más, de un compositor más.

Con tu boca de mercurio en tiempos misioneros/ Y tus ojos de humo y tus plegarias como versos/ Y tu cruz de plata y tu voz de campana/ ¿Quién de ellos piensa que podría enterrarte?/ (…)/ Triste dama del llano/ Donde el profeta de ojos tristes dice que nadie vendrá/ Mis ojos de almacén, mis tambores árabes/ ¿Debo dejarlos junto a tu puerta/ O debo acaso esperar, triste dama?

* que no imposible…

(Explicación para este video tan “peculiar”: no existe en youtube un video con imagen fija de la canción al completo. Mis disculpas.)

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Una respuesta to “Discos para un mundo mejor (III)”

  1. lamaladelapelicula octubre 20, 2008 a 7:07 pm #

    Un post genial, muy acorde para mí y mi tiempo

    :*

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