El rey ha muerto. ¡Viva el rey!

14 Jul

Hay luces que, como suscriben Morrissey y Marr, nunca se apagan. Se quedan encendidas – sin consumir ni consumirse – en un momento que se paraliza pero del que se puede disfrutar una y otra vez, rebobinando y reproduciendo tu segundo favorito.

Esas luces acaban convirtiéndose en una especie de verano siendo un niño: caluroso, azul y blanco, eterno y repleto de recuerdos perfectos. Y esos estados son los que trato de atesorar como un loco, encerrándolos en algún sitio secreto pero siempre accesible.

Y ahí es donde guardo también sus canciones, porque eran vehículos de alta velocidad al centro de la buena vida (la pasada y la que no aprecias tanto como deberías mientras lees estas líneas) y porque eran minutos brillantes que cambiaban el color del día. Lo bueno de todo esto, es que ya jamás me los podrán quitar.

A Sergio
En cada poro un jardín

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