The Sea & The Rythm

4 Feb

– Te equivocas. Mintió aquel que dijo que incluso los mejores poetas a veces no saben cuándo callarse. Me temo que hay dos posibilidades: o bien no entendió ni una palabra de mi recital o, simplemente, prefirió no escuchar nada, dejar fluir las sílabas por sus sentidos sin dejar huella, como si la nieve virgen de sus oídos fuera lo más valioso que podemos tener. Debió arrodillarse y rezar sin saber muy bien hacia dónde dirigir la mirada – en ese punto, le comprendo: yo tampoco sé de qué sirve mirar al vacío si luego nunca te atreves a saltar – y pedir que no le torturasen más las intrincadas reglas de nuestro lenguaje, que las aliteraciones que nacen en cada acción rudimentaria o cotidiana – los tic-tacs del reloj, los pasos de sus zapatos en la grava del parque – no volvieran a hacerle pensar en aquellos poemas que ahora, uno tras otro y levantados en armas, regresan en un desfile hacia sus flancos descuidados. Debe ser una posición difícil ser perseguido por Blake o por Milton, por Coleridge o por Baudelaire, mientras Cortázar afila las armas una vez más, en la retaguardia.

Y sigue sin saber que ahora, en esta huida hacia adelante que se propone, se avivan y cobran más sentido todos sus olvidos, su no me olvides, sus olvídate de olvidar. Y sigue sin saber que está muriendo poco a poco, obviando que de lo que reniega, la poesía, es algo tan pequeño como el inmenso mar que nos aísla; algo tan inerte como el vuelo de tu falda en el Peine de los Vientos.

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8 comentarios to “The Sea & The Rythm”

  1. señorita febrero 4, 2008 a 11:03 pm #

    Siempre he defendido que eres un poeta. Mi mayor enemigo en esa guerra eres tú mismo. Por eso, cuando te leo, creo que ni siquiera tú te crees lo que mantienes con tanta seguridad. Creo que tratas de ser humilde, de no creerte superior al resto de los que arrastramos palabras por aquí. Y cuando llegas a este mundo, tú mismo te traicionas, porque no puedes evitar escribir textos tan cerca de la perfección.

    Lo siento pequeño Spender, pero no creo en los genios humildes.

  2. lamaladelapelicula febrero 5, 2008 a 2:40 pm #

    Poco queda por decir después de leerte, y de lo poco quedó dicho por una señorita.

    Poco queda por decir, quitando (desde el más malo de mis egoismos) pedirte el favor de que no nos dejes sin ti nunca.

  3. la buena de la película febrero 6, 2008 a 10:49 pm #

    Su no me olvides, su olvídate de olvidar… Bonito, ¿no? No, precioso.

    A veces es mejor no entender nada y sentir, sólo sentir, nada más que eso.

  4. Florie febrero 7, 2008 a 12:41 pm #

    Mantienes la tensión poético-narrativa durante todo el texto, un placer leerte de buena mañana -bueno, hoy me ha pillado al mediodía, jaja. Saludos!

  5. rocío febrero 9, 2008 a 3:53 am #

    no creo que seas humilde si te comparás con baudelaire o cortázar. pero está bien, parece que fue en defensa propia. saludos!

  6. Elbereth febrero 9, 2008 a 9:46 am #

    Bravo!…Leyéndote he saboreado el arte de esos grandes de los que tu mismo hablas… Es fácil distinguir entre las palabras que suenan bien, y las palabras con sonido propio. Las tuyas poseen la música del arte.

    La expresión de “como si la nieve virgen de sus oídos fuera lo más valioso que podemos tener.” pinta un cuadro que no hace falta ver con los ojos porque llega directamente al cerebro.

    La reflexión fugaz pero profunda de “en ese punto, le comprendo: yo tampoco sé de qué sirve mirar al vacío si luego nunca te atreves a saltar”… como si el escritor –es decir tú– se lamentara de quedarse al borde de su vida en alguna ocasión…y con ese estilo distante nos acercara de golpe a sus emociones.

    Nunca se huye hacia adelante…¿verdad? cuando se huye, se anda en círculos. Y tú lo sabes.

    Magnífico texto. Me siento agradecida porque te pases por mi blog-casa y me comentes.

    Un abrazo. Este texto ha sido un regalo.

  7. Spender febrero 9, 2008 a 9:55 am #

    Gracias, gracias a todos.

    Bienvenida a Rocío, aunque eso sí, tarjeta amarilla: nunca me comparé con esos autores q nombré en el texto. Y por supuesto “mi recital” no quiere decir que sea mío. El texto en sí es una respuesta (por eso lleva un guión al principio), un trozo de conversación entre algo que no tiene por qué ser humano. Y hasta ahí puedo leer. Cada uno que entienda lo que crea conveniente, después de todo, eso es lo bonito, ¿no?

  8. isilrod febrero 10, 2008 a 3:07 pm #

    La poesía…

    Conozco ilusos que creen que la puedes encontrar en los sitios más insospechados a poco que pongas un poco de voluntad y tengas alerta los sentidos.

    …y luego están los que dicen que está alta, muy alta y que no se puede alcanzar.

    Suerte que haya gente que no haga sino reafirmarme en lo primero ;).

    Un abrazo

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