Rajoy, su primo & cía.

22 Oct

Algunas veces más vale que sepamos con quién nos jugamos los cuartos. Oir a los políticos es fácil, pero lo difícil es escucharlos. Y es difícil porque ellos lo han hecho así.

Durante los años en los que he sido consciente del problema global de la política – la no existencia de ideologías, única y exclusivamente existe la sumisión al poder de don dinero – había oído tonterías, sandeces y declaraciones donde el sentido común (con independencia de la filiación del oyente y el político en cuestión) brillaban por su ausencia.

Pero, como he intentado barnizar a lo largo de todo este diario, nos enfrentamos a un problema latente pero rara vez identificado: las teorías nacionalistas, los debate enconados sobre política exterior, los textos estatutarios etc. no son más que meros decorados para escondernos la cruda realidad del mundo, la verdadera personalidad de la clase política y poderosa (principalmente, económicamente poderosa).

Y en ocasiones, resbalan. Como un déja vu en Matrix, todo el sistema se tambalea por unos instantes. De lo contrario es imposible comprender la naturaleza de las declaraciones de Rajoy, que como bien dijo Rafael Argullol, es uno de esos políticos aculturizados de los que ya hablamos.

Habla a la opinión pública despreciándola, como si estuviera entre tapa y tapa de una mañana de cañitas con sus amigos, confundiendo la eventualidad con los estudios científicos, las conjeturas con los hechos probados. Y de paso tira por tierra el trabajo de muchos ecologistas y las campañas de concienciación que se vienen haciendo desde diversos frentes, dando a entender que la comunidad científica no mantiene una única posición frente al cambio climático.

Y lo realmente triste de este paletismo, de este alarde de ignorancia irresponsable es pensar en quiénes y cómo habrán movido los hilos de alguien que – desgraciadamente – representa a una porción de electorado tan grande, y sobre todo, en los beneficios que estas declaraciones les traerán a aquellos a los que les interese que todo siga como hasta ahora para mantener sus cuentas corrientes saneaditas y llenas de ceros. Y por descontado, al señor Rajoy, su primo y los demás secuaces.

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