Mi primera combustión

18 Oct

Y como casi siempre, han aprendido a darme esquinazo los torpes versos con los que te quiero adornar el aire adormecido, mis dedos inútiles, mis cuerdas vocales cada vez más ahogadas. El tiempo acaba estrangulando todos mis intentos de esbozarte, negro sobre blanco, con las palabras que un día quisiste enseñarme. “Sólo tienes que ordenarlas”, me susurrabas. Y tatué los recobecos de tu dentadura en mi cuello, las hendiduras que tus uñas en mi espalda, las cicatrices de tus miradas en mi cuerpo.

Busco inspiración en mis disonancias, como quien cava en una roca volcánica, cansado, roto, sin aliento. Pero ahora oigo las carcajadas de quienes buscan mi fracaso y mi combustión y sé que nada, excepto tú, podría quitarme toda esperanza.

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