Like a distant tree

11 Oct

Sílabas rotas esperando tu pegamento se acumulan entre mis labios, que ya no son más que dos precipicios, dos amargos miradores al vacío por el que luchan las primeras lluvias de otoño y los recuerdos de corazones acelerados buscando el oxígeno que nunca llega.

Y la rutina va convirtiendo los días en paisajes llanos, salpicándome de encinas distantes, de los últimos aromas de jaras en flor, de nubes avanzando a velocidades absurdas; mientras tú, cada noche me atacas, me llevas al límite, me retuerces. Y yo me dejo llevar por tus altos y bajos como un niño siendo acompañado por su madre al tobogán.

Y después te apagas muy despacio. Me dejas ver tus últimas luces. Te despides. Y me siento terriblemente débil por no ser poeta para poder contarte la manera en la que mis latidos cantan.

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