Desierto

6 May

Me desperté con el azul entre las cejas. El resto, la misma rutina. El agua resbalando y marchándose sin remedio por enormes tuberías que la llevan al mar; el café enfriándose en su tacita negra, como un ataud abierto a la atmósfera que absorbe su vida poco a poco; la tinta fresca de los periódicos manchándome las yemas de los dedos y mi manía de hurgar en mis heridas cerradas y reabrirlas buscando palabras, canciones, libros o lo primero que cruce mi camino.

Y el cielo cae. Ya no es la misma losa que antes. Cae hecho arena con su implacable camino hacia un verano enorme. Y a veces todo esto sólo parece un enorme desierto.

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