Carta a todas tus catástrofes

3 03 2008

Vuestro baile hipnótico
parece citaros en algún punto
del horizonte
O quizá aprovechéis
el traqueteo, la inercia
con la que os abandono
para enredaros eternamente.

Hacéis que el cielo sea
tan grande que no haga falta
levantar la vista para verlo
Y lográis que suelte lastre
Y días sin inspiración,
Y la esencia épica
de lo nuestro.

Porque pocas cosas
mueven tanto y tan a su antojo
mi pulso y las coordenadas
de mi cuerpo como tu corazón eléctrico
y tu esqueleto de metal,
dejo en tus manos la decisión final:
olvidar mis delirios de papel y tinta azul
o resistirme para dejarlos morir
esperando queden impresos sobre ti
al paso del exprés de medianoche.





The Blue Whale Ballad

13 02 2008

Debí dejar este camino hace siglos, cuando me di cuenta de que ya no tiene guardada para mí la pena, es cierto, pero tampoco la gloria. Sólo tiene luces potentes preparadas para cegarme y clavarse sobre la cadencia con la que me columpio, fingiendo que el suelo está repleto de dragones y monstruos amenazándome.

Sólo entiende de nombres cuando están impresos sobre tarjetas de crédito, y de sentimientos el 14 de febrero. Sólo conduce al Este del Este, donde los títulos de los libros son dogmas que nos hacen aprender y repetir tal y como a mi me gustaría escucharte declamando las cartas que nunca tuve el valor de enviarte.

Pero no hay batalla sin guerra: te encontré en el estómago de una ballena azul y tus joyas y perlas, como balsas de aire en medio del océano, son las que me mantienen a flote. Y estoy seguro de que este impulso que ahora me afano en tomar será suficiente para alcanzarte lejos de aquí, en la cima de alguna colina desde la cual veamos este triste peregrinar de la civilización.





The Sea & The Rythm

4 02 2008

- Te equivocas. Mintió aquel que dijo que incluso los mejores poetas a veces no saben cuándo callarse. Me temo que hay dos posibilidades: o bien no entendió ni una palabra de mi recital o, simplemente, prefirió no escuchar nada, dejar fluir las sílabas por sus sentidos sin dejar huella, como si la nieve virgen de sus oídos fuera lo más valioso que podemos tener. Debió arrodillarse y rezar sin saber muy bien hacia dónde dirigir la mirada - en ese punto, le comprendo: yo tampoco sé de qué sirve mirar al vacío si luego nunca te atreves a saltar - y pedir que no le torturasen más las intrincadas reglas de nuestro lenguaje, que las aliteraciones que nacen en cada acción rudimentaria o cotidiana - los tic-tacs del reloj, los pasos de sus zapatos en la grava del parque - no volvieran a hacerle pensar en aquellos poemas que ahora, uno tras otro y levantados en armas, regresan en un desfile hacia sus flancos descuidados. Debe ser una posición difícil ser perseguido por Blake o por Milton, por Coleridge o por Baudelaire, mientras Cortázar afila las armas una vez más, en la retaguardia.

Y sigue sin saber que ahora, en esta huida hacia adelante que se propone, se avivan y cobran más sentido todos sus olvidos, su no me olvides, sus olvídate de olvidar. Y sigue sin saber que está muriendo poco a poco, obviando que de lo que reniega, la poesía, es algo tan pequeño como el inmenso mar que nos aísla; algo tan inerte como el vuelo de tu falda en el Peine de los Vientos.





Café Bleu

26 01 2008

Cansado, llegué a tiempo
para declarar la guerra
a la inspiración que se desata
cada noche de invierno,
al otro lado de la línea.

Sólo el ansia me ciega
frente a todos mis despropósitos.
Y me siento levitando
sobre campos de escarcha fría y roja
mientras mi piel se equivoca y arde.

Quiero que nos resistamos
Que no volvamos a rendirnos
Que no remontemos más cielos
equivocados. Que no nos volvamos
a sentir como la tarde en la que
Platko nos robó nuestro sueño.

Que no nos resignemos
a este, su final impuesto.





Breve inciso (II): soliloquio

22 01 2008

Me senté a observarla abrazado a mi botella llena. La pude ver desde todos sus ángulos, pasando deprisa de un lado para otro, rozando con sus movimientos los marcos de las ventanas y puertas. La vi a través del ojo de mi vaso para intentar deformarla a mi mirada. Me privé de la vista para tratar de imaginármela moviéndose torpemente, sin ese dibujo de su falda bailando por encima de sus piernas, desafinando en aquel tarareo con el que me cautiva y me envenena.

¡Cuántas veces hubiera deseado saltar sobre su garganta implorando “sé imperfecta, miserable”! ¡Cuántas veces hubiera pedido a mi amor menos devoción y más valentía!

Pero nada de eso funcionaba. Todo proseguía bajo su ritmo sincopado y perfecto, turbándome cada segundo y robando de este estrato atmosférico todo mi oxígeno. Y en mi último trago me rendí. Y dejé caer mi admiración afilada en los dos agujeros profundos de mi pecho para esperar a que todo siguiera su curso natural: decidí morir privado de cordura a sobrevivir sin sus benditas melodías.

Pedí otra botella para matar el Tiempo - que tiene la vida tan dura - y para acelerar la Vida, que sin ella pasa tan despacio.





Ángel*

13 01 2008

No te preocupes, sabrás quién soy. Llevaré a mi alrededor un vacío pintado de rojo en expansión, sin fronteras; una maleta vieja en la que no cabe nada, en la que nunca me atrevería a guardar nada. Por mucho que tú lo pienses, no llevaré alas en la espalda ni coronas sobre la cabeza.

Bajaré del tren despacio, sin saltar el último peldaño, sereno como siempre y sin conseguir perder la cabeza como desearía. Dibujaré con mi aliento nubes en el aire del andén, que desaparecerán tan pronto como las lágrimas que me arrancará el frío de enero.

Me señalarás sin dudar. Me reconocerás por mi predilección por el fracaso, por mis cuentos sin fantasía, por mis incoherencias crónicas. Y no habrá posibilidad de confusión. Mi voz en medio del tumulto sonará clara. Quedará flotando entre tú y yo y las moléculas tóxicas que nos separan.

Entre la espada y la pared.





Heartbeat

6 01 2008

Hay temas recurrentes en mis escritos, o lo que viene a ser lo mismo, en mis sueños. Invaden las páginas llenas de tachones que preceden a esto que ahora lees, los paisajes de Castilla, el mar Cantábrico, las carreteras secundarias de noche, los cielos inmensos y -seguro- vacíos de justicia.

Pero siempre me despisto con las pequeñas cosas que les rodean. Me evado en las voces mudas que oigo o huyo en el vuelo de un insecto. Me reflejo en miles de cristales indescifrables y observo el vaho que despiden mis vanos intentos de firmar los versos que tú quieres leer. Y entonces comienza el ruido de las balas que no acerté a dirigir y todo es de nuevo tan confunso como antes de sentarme a escribir calado de razones.

Es imposible saber a ciencia cierta si existirá el día en el que mis esperas den con la palabra perfecta en el momento perfecto. Pero si ese instante se me escapa entre los dedos sin poder retenerlo entre nosotros, me sentaré a ver cómo se apaga en una décima de segundo y doblaré esa última esquina que nos queda escuchando apagarse mi pluma lentamente. Como un suspiro. Como un último latido.





Y rezamos para no volver jamás

31 12 2007

Si existiese la justicia divina,
terca y ciega como
los golpes que nos da la vida,
¿me daría vuestro Dios
la oportunidad de
beberme tu dolor
de un único trago?

Vendo mi fé y mis días
por una vida de amargor
en mi boca, por que éste
sea el último segundo
que se quede en la tuya.





La nuit crie ton nom

28 12 2007

De poco sirve levantar la voz,
enterrar el pasado y gritarte a la cara
que deseo hacer noche
en los valles de la Sierra Nevada
donde grité tu nombre

Que el eco me lo devuelva
como si fuera la última amarra
- no sé si a la cordura
o sólamente a la vida -
y derrame mis últimas gotas
de admiración.

Que prometamos, antes
de separarnos, no volver
a pisar estos parques y
avenidas que hemos
dejado ardiendo.

Que aceptes que no soy yo
el que construye estos versos
Simplemente los coso
para colgarlos en el cabecero
de tu cama, con la tonta esperanza
de que los leas cada atardecer





Tu testamento de luz

26 12 2007

No todo está escrito. Habré leído en mi mente mil veces esta historia, pero siempre me sorprendo con lágrimas en los ojos cada vez que se reproduce. Todo se desencadena cuando me encuentro en mitad del parámo, sintiéndome pequeño, desorientado. Y pienso que paisajes así hacen que comprendamos por qué los hombres amamos, lloramos y odiamos morir.

En el viaje de ida adoro cada kilómetro que hago para verla sentada en su rincón de siempre, con su ropa de luto, con sus ojos decolorados (ahora parecen dos pequeñas esferas grisáceas pero dotadas de una extraordinaria calidez), apoyada sobre su mano y con el codo sobre la mesa, adormecida al calor de su brasero, esperando nerviosa y preocupada a que lleguemos.

Después ella me da su paz, me habla de otros tiempos. A veces pierdo el hilo de sus historias pero me basta tenerla delante para sonreír, asegurarme de que ella lo ve, ofrecerle mi mano para que juegue con ella y reconfortarnos mutuamente.

Y siempre termina igual. Acabo retorciendo nuestras vidas en una curvatura casi perfecta, reduciéndola a círculos, sólo aburridos círculos que ella inunda con lágrimas y que mis ojos al verlo quieren secar con mi propio dolor. Sin embargo, la circunferencia siempre acaba su trazo.

En el viaje de vuelta, me tatúo cada kilómetro prometiéndome no olvidar nunca su expresión, su pelo, su piel arrugada y sobre todo su cara de sorpresa cada vez que bebo sus palabras callado, atento y feliz.