Llueve Revolución cumplió un año en abril en silencio. Desde aquel abril del 2007 en el que lo abrí se ha ganado mi cariño, que no es poco. Mis anteriores blogs murieron porque no fueron capaces de hacer lo mismo (¿has oído? No quiero que suene a una amenaza, sólo quiero que quede claro).
En octubre cumplirá año y medio. He pensado que quizá he pasado demasiado tiempo sin darle algún que otro retoque. No quiero que pase lo de siempre, que me aburra y vaya muriendo poco a poco por inanición y al final, un buen día, apriete el botón rojo y todo esto se autodestruya. Como Neil Young dice, es mejor arder que marchitarse.
Por eso habrá algunos cambios a partir septiembre. Un nuevo banner vendrá de la mano de El Caballito Eléctrico (¡mil gracias!), pero como sería una estafa venderos una versión 2.0 sólo con eso, he de decir que habrá también algún cambio en los contenidos.
Tranquilos, todo lo que hace que améis u odiéis este blog, que os aburre o entretiene, permanecerá. Así como el (demasiado) ambicioso proyecto con mis 90 singles imprescindibles de la década pasada (esperemos que se acabe antes de la siguiente). La renovación la iréis viendo entrada a entrada, no quiero estropear la magia que todos los blogs tienen y que, sobre todo los que estáis ahí a la derecha, poseéis por arrobas. Pero sí puedo adelantar que iré colgando (¡por tiempo limitado!) algunas recopilaciones musicales temáticas en mp3 como los CDs o cintas que se preparaban “antiguamente”. Y también existe la idea sobre la que ya trabajo, de una serie de relatos ambientados en las ciudades que más impresionado me han dejado: desde guías turísticas algo especiales a historias imaginarias (o no).
Es la primera vez que hago un post de este estilo, consciente de que puede haber alguien detrás leyendo. No lo hago por explicarme, cosa que nunca en este año largo he hecho. Lo hago porque, gracias a vuestros comentarios y participación, esto se ha convertido en algo más que un blog personal. Y me siento en deuda con los que pasáis por aquí, comentáis y además regaláis vuestros blogs, que son cada uno de ellos, pedacitos del día.
ACTUALIZACIÓN 01-09-08: Estrenada nueva cabecera
El chico problemático, el outsider del folk americano, adoraba a The Beatles, a Bob Dylan y a Neil Young. Colgaba sus discos en el árbol de Navidad de su familia. Desparecía por completo durante meses haciéndose feriante o se perdía en Nueva York volviendo locos a los Sonic Youth que pasaron toda una noche persiguiéndole por la ciudad. Vivía obsesionado, atrincherado en su propio sufrimiento y locura con dos cosas: salir en la MTV y Laurie, la cajera de aquella pequeña tienda de la cual estaba completamente enamorado. Pasó de chico rarito e incomprendido a músico de culto cuando Kurt Cobain salió en las portadas de las revistas de música más importantes del mundo con una camiseta suya, con aquellas ilustraciones que el mismo realizaba una a una para vender cassettes a todos sus amigos e intentar hacerse un hueco. Grababa con un pequeño teclado casio y una grabadora de una sola pletina en el garaje de su hermano, que no tardó en echarle de casa, y tenía por tanto, que repetir la grabación entera cuando alguien le pedía su disco.

