Como bailan los caballos andaluces

26 05 2008

Desde mi salón con vistas
en el que me habéis recluido
Convertido ya en un alienígena,
algo distinto de lo que llamáis humano,
os miro através del aire enrarecido
sin ánimo de juicios sumarísimos:

Sólo quiero ser justo con los acordes
de nuestra existencia simultánea

Os veo adorando el tintineo de vuestras monedas
y encerrando la libertad en el estante
del supermercado y su hilo musical,
en el concesionario de coches,
en el anuncio de la radio

Os veo entregándoos a Coranes sordos
Torás mudos, Biblias ciegas
Y convirtiendo la estampa desde
estos soberbios satélites
en meros caos de nubes radioactivas

Y sin embargo, derrocháis belleza
sin reparar en ella, sin intentar
retener una pizca de magia al pie de la cama

Como las canciones portuarias irlandesas
para una despedida
O el mapa de estrellas de vuestra
Vía Láctea derrotada

Como esta imagen de los árboles embebidos en
el sonido de una tarde de verano
O el misterio inalcanzable
del baile de los caballos andaluces





Otro día en el mundo

13 05 2008

Hacía mucho que no paseábamos durante tanto tiempo. En algún punto ahí detrás, a nuestras espaldas, quedamos anclados arañando caminos en la confusión. No sé cuál de los dos tocó fondo primero. El caso es que no conseguíamos romper barreras como lo habíamos hecho hasta entonces: tú seguías pensando que no era nada y yo, apremiado por encontrar el lugar y la fórmula, sólo alcanzaba a ver los suburbios y sus luces.

Ahora atardece en los barrios del Oeste. Vemos peces sobreviviendo en los charcos de la última inundación y todo pasa como a cámara lenta: mis textos acaban por parecerse demasiado, las tardes son eternas y las sombras en el amanecer de mi calle se estiran hasta parecer tan frágiles como nosotros.

Y el cielo, antes un aliado más, aniquila esta comedia sin compasión.





El deshielo (o Así duele un verano)

28 04 2008

Hasta que en el enjambre de los bostezos, la temperatura y el café cargado
resolví el misterio de este prado que siempre había visto joven, reverdecer
habían pasado por mis manos temblorosas muchas buenas jugadas
(Esas que otros aprovecharían para machacar contrincantes,
o elevar en enormes mástiles egos desmesurados,
o trabar poetas con el silvido de las balas)
Y todas me parecieron superficiales
Rehuí creer en finales felices del deshielo
Y en las razones de ser de cualquiera de tus guerras
encontré cerrojos imposibles de atravesar con sólo dos manos
y dos ojos sin vida y una boca de mercurio herida: tu amor bajo cero
Y eso es, al fin y al cabo, lo que me separa de retorcer el tiempo a tu antojo:
Manos más fuertes, una mirada por encima del hombro y un verano entero sin dolor.





Soneto en Si menor

3 04 2008

Hoy, mientras siento las sábanas sobre mí
Como quien siente la plata del subcampeón,
la respiración de su amante,
el viento en un descapotable

Mientras el calor me da escalofríos,
como un hielo que arde en mis labios,
una pluma de plata caída entre mis dedos,
un noviembre entero aguantando la respiración

Hoy, mientras mis libros favoritos
con mis líneas favoritas dentro,
acumulan polvo en sus portadas y sus espacios,
barnizados de miedo y olvido

Mientras las bolsas de plástico
vuelan en espirales y alguien
me intenta explicar las palabras,
el poema, la magia

Hoy, no recuerdo el instante justo,
entendí lo que quisiste decirme:
No somos más que
vacío, separación y espera.





Ajustar las velas

26 03 2008

Vuelvo la esquina esperando el sol que Thomas prometió en su poema, mientras juego con mi destino como Hegel, aderezándolo de polémica y tragedia. Rozando mi piel únicamente encuentro el frío aire que afilamos anoche desde la atalaya. Y quiero correr hacia él, abrazarlo, desabrocharme la camisa y dejar que se clave; escuchar sus acordes crecer, amables y elegantes o adornar mi solapa con sus condecoraciones volátiles de palabras disueltas en el tornado de la cama.

Y era previsible mi fracaso, pero por un momento creí ser capaz de entender su movimiento: un vaivén lineal - como nuestro mar en calma - que dora las señales de tráfico y el amanecer, reptando por el pavimento que crece separándonos constantemente. Lo dejé escapar al llegar a casa y desnudarme frente a la ventana y darme cuenta de que tras los cristales, nada puede afectarme.

Todo resulta en vano ahora. El viento ha cesado y yo ya no tengo ganas de correr.





Carta a todas tus catástrofes

3 03 2008

Vuestro baile hipnótico
parece citaros en algún punto
del horizonte
O quizá aprovechéis
el traqueteo, la inercia
con la que os abandono
para enredaros eternamente.

Hacéis que el cielo sea
tan grande que no haga falta
levantar la vista para verlo
Y lográis que suelte lastre
Y días sin inspiración,
Y la esencia épica
de lo nuestro.

Porque pocas cosas
mueven tanto y tan a su antojo
mi pulso y las coordenadas
de mi cuerpo como tu corazón eléctrico
y tu esqueleto de metal,
dejo en tus manos la decisión final:
olvidar mis delirios de papel y tinta azul
o resistirme para dejarlos morir
esperando queden impresos sobre ti
al paso del exprés de medianoche.





The Blue Whale Ballad

13 02 2008

Debí dejar este camino hace siglos, cuando me di cuenta de que ya no tiene guardada para mí la pena, es cierto, pero tampoco la gloria. Sólo tiene luces potentes preparadas para cegarme y clavarse sobre la cadencia con la que me columpio, fingiendo que el suelo está repleto de dragones y monstruos amenazándome.

Sólo entiende de nombres cuando están impresos sobre tarjetas de crédito, y de sentimientos el 14 de febrero. Sólo conduce al Este del Este, donde los títulos de los libros son dogmas que nos hacen aprender y repetir tal y como a mi me gustaría escucharte declamando las cartas que nunca tuve el valor de enviarte.

Pero no hay batalla sin guerra: te encontré en el estómago de una ballena azul y tus joyas y perlas, como balsas de aire en medio del océano, son las que me mantienen a flote. Y estoy seguro de que este impulso que ahora me afano en tomar será suficiente para alcanzarte lejos de aquí, en la cima de alguna colina desde la cual veamos este triste peregrinar de la civilización.





The Sea & The Rythm

4 02 2008

- Te equivocas. Mintió aquel que dijo que incluso los mejores poetas a veces no saben cuándo callarse. Me temo que hay dos posibilidades: o bien no entendió ni una palabra de mi recital o, simplemente, prefirió no escuchar nada, dejar fluir las sílabas por sus sentidos sin dejar huella, como si la nieve virgen de sus oídos fuera lo más valioso que podemos tener. Debió arrodillarse y rezar sin saber muy bien hacia dónde dirigir la mirada - en ese punto, le comprendo: yo tampoco sé de qué sirve mirar al vacío si luego nunca te atreves a saltar - y pedir que no le torturasen más las intrincadas reglas de nuestro lenguaje, que las aliteraciones que nacen en cada acción rudimentaria o cotidiana - los tic-tacs del reloj, los pasos de sus zapatos en la grava del parque - no volvieran a hacerle pensar en aquellos poemas que ahora, uno tras otro y levantados en armas, regresan en un desfile hacia sus flancos descuidados. Debe ser una posición difícil ser perseguido por Blake o por Milton, por Coleridge o por Baudelaire, mientras Cortázar afila las armas una vez más, en la retaguardia.

Y sigue sin saber que ahora, en esta huida hacia adelante que se propone, se avivan y cobran más sentido todos sus olvidos, su no me olvides, sus olvídate de olvidar. Y sigue sin saber que está muriendo poco a poco, obviando que de lo que reniega, la poesía, es algo tan pequeño como el inmenso mar que nos aísla; algo tan inerte como el vuelo de tu falda en el Peine de los Vientos.





Café Bleu

26 01 2008

Cansado, llegué a tiempo
para declarar la guerra
a la inspiración que se desata
cada noche de invierno,
al otro lado de la línea.

Sólo el ansia me ciega
frente a todos mis despropósitos.
Y me siento levitando
sobre campos de escarcha fría y roja
mientras mi piel se equivoca y arde.

Quiero que nos resistamos
Que no volvamos a rendirnos
Que no remontemos más cielos
equivocados. Que no nos volvamos
a sentir como la tarde en la que
Platko nos robó nuestro sueño.

Que no nos resignemos
a este, su final impuesto.





Ángel*

13 01 2008

No te preocupes, sabrás quién soy. Llevaré a mi alrededor un vacío pintado de rojo en expansión, sin fronteras; una maleta vieja en la que no cabe nada, en la que nunca me atrevería a guardar nada. Por mucho que tú lo pienses, no llevaré alas en la espalda ni coronas sobre la cabeza.

Bajaré del tren despacio, sin saltar el último peldaño, sereno como siempre y sin conseguir perder la cabeza como desearía. Dibujaré con mi aliento nubes en el aire del andén, que desaparecerán tan pronto como las lágrimas que me arrancará el frío de enero.

Me señalarás sin dudar. Me reconocerás por mi predilección por el fracaso, por mis cuentos sin fantasía, por mis incoherencias crónicas. Y no habrá posibilidad de confusión. Mi voz en medio del tumulto sonará clara. Quedará flotando entre tú y yo y las moléculas tóxicas que nos separan.

Entre la espada y la pared.