Trece tristes trances #12: A este blog le queda una entrada (o “Cosmicómica para una despedida”)

7 sep

Estos son los días en los que Qfwqf no espera sorpresas. Se limita a levantarse temprano, a asearse, a tomar un buen café hecho lentamente en su cafetera italiana, a asomarse al pequeño balcón, a acariciar la enredadera de la fachada con la punta de los dedos, a observar la Vía Láctea, a mirar cómo las cosas simplemente surgen a su alrededor, a hablar con Tiempo y luego – quizá – jugar una partida de ajedrez.

(¡Mira! Allí, a lo lejos, un agujero negro absorbe estrellas, las distorsiona estirándolas por una punta mientras secciona las demás. A veces devuelve violentamente rayos de luz desde su interior).

Y los días pasan l e n t a m e n t e para Qfwqf. Corre las cortinas y baja todas las persianas a las 8 en punto, los fines de semana barre su casa habitación por habitación mientras repasa mentalmente sus ideas descabelladas salidas de las conversaciones con Tiempo. Ideas como que en el futuro habrá un país llamado “Canadá”. O que el agua que recientemente empezaba a salir hirviendo del subsuelo, decorará ciudades. O que pronto ese planeta que ahora estaba vacío sería habitado por seres nunca vistos antes.

Y entonces Qfwqf ríe y sacude la cabeza. Y piensa que es mejor dejar de pensar en lo que vendrá, que Tiempo le advirtió que todo se acaba y a la vez otras cosas tienen que comenzar. Y en ese preciso instante algo parecido a la nostalgia surgió de la nada y se instaló en casa de Qfwqf, entre las hojas de la enredadera y sobre el tablero blanco y negro. Y se quedaba para tomar el café, participaba en las tertulias, ayudaba a correr cortinas y esperaba sentada en el balcón al siguiente desayuno.

Ese día fue el día en que se escribió que este blog, justo en el número doce de los tristes trances, iba a poner un punto y final. Un punto y final en el mar, en Madrid, en un piso de estudiantes, en los parques del norte y en la Castilla triste de invierno.

El número 13 puede ser lo que tú quieras pero déjame que te proponga que sea una lectura de más de 4 años de blog para darnos cuenta de los rodeos que la vida da por el extrarradio de la verdad, que podría no haber escrito nada más que aquel inaugural “Somos frágiles como corazones de insectos” y haberme callado como un muerto, habiendo dejado claro el mensaje final que – entre líneas, como los buenos futbolistas – he tratado de mandar.

Aquí acaba el penúltimo trance y empieza el último. Aquí, querido Qfwqf, se cumple la profecía.

Hasta siempre.

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4 comentarios hacia “Trece tristes trances #12: A este blog le queda una entrada (o “Cosmicómica para una despedida”)”

  1. Pequeña Lo septiembre 7, 2011 a 8:32 pm #

    Espero que le hagas caso a Tiempo. Unas cosas se acaban y dan paso a otras. Y espero que no desaparezcas del todo, porque 12 tristes trances no sirven para resumir 4 años de blog. Y mientras los escribes Tiempo sigue avanzando y siempre habrá un Triste Trance que escribir y yo ya no podré leerlo.

  2. Olga Bernad septiembre 7, 2011 a 11:25 pm #

    Qué manía con los destinos y las profecías. Ojalá no se cumpla. Me gustaba que lloviese revolución y venir por aquí a mojarme de vez en cuando. No me gusta que esta lluvia deje de caer.
    Hasta siempre.
    Ha sido verdaderamente un placer.

  3. Laura septiembre 14, 2011 a 9:44 am #

    Va a ser muy pero que muy raro no encontrar más palabras tuyas por este lugar que espero te haya servido para desechar las sensaciones más amargas. Has sido y serás muy generoso por dejar a la vista de los demás, tu arte traducido en palabras con sentido de verdad. Sigue alimentando ese arte tuyo, y tal vez, algún día, todos los que nos hemos asomado a tu ventana, podamos volverlo a encontrar.

  4. Escribiente septiembre 24, 2011 a 9:29 am #

    Al poco de empezar a leer tu no entrada ya, sino salida, he llorado.
    Pero he terminado esbozando una sonrisa -con lo de los futbolistas-
    ¡Me ha pasado tantas veces con tu nostalgia amable¡

    Lo que pasa es que soy una persona auditiva y cuando he escuchado la canción he vuelto a llorar, ¡esta vez a lágrima viva¡

    Gracias, de corazón. Porque me has hecho contactar con un ser al que se me había olvidado seguir la pista: me refiero a un “yo interior”, a un compromiso personal que no sé cuándo aquirí aunque me imagino cómo y que suelo guardar entre algodones y otras entretelas, porque tengo la sensación de que siempre es un plato apetecible para tiburones. ¡Y cómo duelen sus dentelladas y las cicatrices que dejan¡

    Al leerte, cantidad de veces he tenido la sensación de conocerte desde siempre, porque sentía que al mirarme en el alma que reflejaban tus palabras, veía el alma propia. ¡Cómo si alguien me hubiera robado instantáneas emocionales¡

    Eso sí, siempre muchísimo mejor contadas, expresadas y dibujadas que lo que jamás hubiera podido yo. Tú eres el poeta.

    Y gracias otra vez…¡Hacía tiempo que no me emocionaban, me llegaban e interesaban tanto las emociones de un ser vivo¡ Con tu escritura he vuelto a sentir la profundidad y la verdad del alma humana….- ¡cuántas veces he creído que sólo era una milonga¡-

    Te deseo lo mejor. Que te lo encontrarás….Ya sabes, por el efecto bumerán.
    Un tremendo abrazo -tan intenso que no se agote en el tiempo-

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