Breve inciso (XI): El último poema

23 01 2009

Se hizo una máscara para vivir en tus veinticinco poemas. Allí había planeado al detalle sacrificar el significado por una palabra hermosa, una cuyo sonido fuera la obra en sí misma. Y despacio, sin levantar sospechas, manipular hasta el último recoveco de tu nueva religión, dejándote a su merced, viva, libre, respirando la tierra grave y doliente. Y un día se despertó reducido en diez mil dobleces, ajado por el tiempo, meciéndose frente a la ventana, sin saber por qué escribe ni si hay algo escrito. Y huyó por el este a medianoche. Y escondió la cabeza en un enjambre de estrellas.





Cuenta de resultados Vols.1 y 2

18 01 2009

Quinta y sexta entrega de Music for the Young Miracles

Por alguna razón ha caído en desgracia lo de recapitular en Enero: o bien Alta Fidelidad hizo demasiado daño, o el postmodernismo ha llegado (es más moderno reirse de las listas de los modernos).

Como no es nuestra intención perder clientes, este Cuenta de resultados tratará de ser únicamente un conjunto de momentos personales favoritos, y no un “Lo mejor del 2008″. Los dos volúmenes (el próximo domingo aterrizará el que complementa éste que ahora presentamos), están repletos de canciones que por una u otra razón han acompañado un año que ya ha muerto. Desde la cómoda prespectiva del futuro, tampoco estuvo tan mal.

Un segundo antes de despegar: pensemos si hay algo que, por despiste, nos estemos olvidando.

Actualización 25-01-09: Ya disponible el segundo volumen.





La Ciudad Invisible (II): Oporto

15 01 2009

Mirábamos el río y el río nos devolvía la mirada. Los días y las noches caían enredados a nuestros pies, bañados en vinho verde, en una ciudad con hechuras de dama de clase alta, con sus miserias, sus locuras y su árbol genealógico. Y al amanecer nos acercábamos a sus aguas mientras nuestros padres, en el dormitorio, soñaban con la nada y a cambio obtenían nada. Mirábamos el fuego mientras susurrabas “Éste es mi color favorito”, y los cristales rotos de todo Oporto temblaban de frío. Y la catedral a tu lado parecía más un cuartel, con su patio de armas, sus gárgolas amenazando, sus conquistas en los peldaños de la escalinata. En los cafés Rimbaud, en los teatros Sófocles, en el tranvía Pound y en las fachadas todo un desfile de grises. Y tu corazón y tu sangre eran amables, calientes. Eran todo lo que necesitaba. Y una mañana, perdiéndome en el mercado Bolhao, sentí la ausencia. Y corrí hacia el río para mirarlo, pero el río, ese maldito viejo miserable, ya nunca volvió a levantar la vista.





Una razón para odiarte es suficiente

7 01 2009

Me descubro, señoras y señores, ante la vasta grieta en la pared.

Escuchen, sean testigos finales del sufrimiento ajeno, de las náuseas, las bodas en secreto, las cosechas, las licorerías; de las despedidas y de la última vez que suena este vals. Porque se me acabaron los ¿Vendrás mañana? y los versos que copiar.

Pasen, quedan pocas entradas para los mejores asientos. En el entreacto se servirán bebidas e inviernos circulares que les atraparán sin remedio, les dejarán absortos y exhaustos: experimentarán la injusticia, la barbarie, pero también notarán que algo ha cambiado en el aire de esta terrible ciudad.

Entren ya, antes de que la pena, esta enorme pena que oprime mi pecho de mal actor, termine por estropearles semejante espectáculo.