Miedo rojo

28 11 2008

Para todo he necesitado siempre un empujón. Cada entrada aquí, como un pequeño maratón, ha venido precedido de la canción perfecta, en el momento perfecto, para el recuerdo perfecto. Ahora las primeras frases ya no me importan. No me importa renunciar a ser un sabio, a saber qué es lo que se supone que viene después de cada beso, de cada tren dejando atrás un andén cualquiera. Es más, renuncio a todo lo que antes me abrazaba como un niño, a mis días a la orilla del mar.

Podemos hacer lo que quieras de ellos. Podemos ridiculizarlos, recordarlos, creer en ellos y en sus fantasmas o vivir de sus migajas los próximos siglos. He tendido a simplificarlo todo. Ahora necesito únicamente las dos cosas que he aprendido después de tanto tiempo.

Ya sé dónde y con quién puedo hacer desaparecer mi niebla de guerra, nuestro miedo rojo.





Breve inciso (IX): Tout est oublié

12 11 2008

A la sombra de un árbol que no puede nacer te pregunté, amigo, si quizá habíamos pasado nuestra juventud idealizando nuestra madurez, creyendo que éramos libres del capricho de la suerte, ese azar para los débiles que no comprendíamos.

Todo vuelve, todo regresa. En mi diario de suicida la pregunta salpica los márgenes como la más odiosa de las enfermedades, como un niño que pierde la noción del tiempo en sus juegos. Ya sé que soy de los débiles. Elegí, querido Benedetti: a esto debías de referirte. Y sé que es el bando que yo mismo, desde mil kilómetros – en la lejanía – a un mundo y medio de distancia, señalaría como el que más, dedesñaría como el que más, lamentaría como el que más.

En las rendijas de esta canción descubro que eres tú a quien echo de menos. Es la estirpe a la que pertenezco.





Lección de claqué #2

7 11 2008

En el viaje de vuelta, siempre la misma canción
Un tarareo inmisericorde
Una letanía anclada en medio del mar
Un santo a punto de perder la fe

Pero sobre todo
Una lección arrojada a mi vertedero:
Si sigues queriendo ver el futuro
Es tan simple como mirar fijamente las nubes
Las que pasan…allá arriba…¡las maravillosas nubes!





That’s (not) all, folks! II

5 11 2008

Una guitarra, una armónica, un poema y un narrador es todo lo que hace falta. Y el mensaje puede llegar vía clásica (con Connor Oberst, el gigante tras Bright Eyes, destacando). O bien ser lanzado como un lamento (Eef Barzelay, te alabamos). Josh Ritter se encarga de subir hasta el cielo a Dylan en un pedestal, con The War On Drugs reinventando Like a rolling stone de fondo. Y los niños traviesos, Snowglobe, juegan en su estudio de Memphis, mezclando el pop independiente más sincero, con el folk psicodélico de sus padres para escribir un himno “à la” Happiness is a warm gun que levanta el ánimo a cualquiera. Blitzen Trapper saben a whisky áspero y The Felice Brothers a borrachera depresiva.

Son canciones de rompe y rasga, que si bien coinciden en los medios, tienen tantos fines distintos como estados de ánimo del que los escucha. Y en eso se esconde, sin duda, su magia.