Diez lágrimas de plata

21 07 2008

Fue en el arroyo de Bebederos donde se desveló el misterio: tú y yo vivimos y morimos mientras el azul de nuestros días palicede como un enfermo que cambia de postura en la cama. Sólo el fluir tranquilo del agua de la primavera pasada es testigo de ese momento, y de fondo suena – si mi memoria no quiere adornarlo – Thunder Road.

- Siempre quisiste acabar así, a lo grande, haciéndonos la vida imposible, como en una novela de esos escritores depresivos que lees. Piensas que si no fuese así, estaríamos perdiendo la esencia de los finales trascendentales. Y te equivocas, no hay necesidad de todo esto. Sólo hay que saber dónde decir basta y transportar cada uno el dolor por su lado. Ahora entiendo los fantasmas que tenías en tus ojos cuando te conocí, cuando gritabas mi nombre de noche por las calles. Simplemente has llegado demasiado lejos y has perdido el hilo del argumento de esa novela del que eres un escritor frustrado y que dudo que llegues a acabar sin antes enloquecer. Ahora llévame a casa, no quiero perder ni un segundo más.

Y en el coche de vuelta a casa, parecía no haber ocurrido nada. Parecíamos las mismas personas que tiempo atrás reían de todo y de nada, que se peleaban por el paraguas en otoño y por llegar primero a la ducha los días de calor. Quizá tuvieses razón en que soy un escritor frustrado o en que mi locura es la crónica de lo inevitable. Pero mientras conducía camino a tu portal, miraba tus muslos bajo tu falda: sigues siendo la misma y yo, ódiame, sólo soy apariencia.





El rey ha muerto. ¡Viva el rey!

14 07 2008

Hay luces que, como suscriben Morrissey y Marr, nunca se apagan. Se quedan encendidas – sin consumir ni consumirse – en un momento que se paraliza pero del que se puede disfrutar una y otra vez, rebobinando y reproduciendo tu segundo favorito.

Esas luces acaban convirtiéndose en una especie de verano siendo un niño: caluroso, azul y blanco, eterno y repleto de recuerdos perfectos. Y esos estados son los que trato de atesorar como un loco, encerrándolos en algún sitio secreto pero siempre accesible.

Y ahí es donde guardo también sus canciones, porque eran vehículos de alta velocidad al centro de la buena vida (la pasada y la que no aprecias tanto como deberías mientras lees estas líneas) y porque eran minutos brillantes que cambiaban el color del día. Lo bueno de todo esto, es que ya jamás me los podrán quitar.

A Sergio
En cada poro un jardín





Preámbulo al Jaque Mate

7 07 2008

Frente a nosotros,
como un alfil amenazante
cuya única certeza es la victoria efímera
de un jaque sin fondo ni forma,
el calendario va desnudando
la única constante que conocemos:
este día tenía que llegar

Redibujo el escenario;
lo retoco, lo muevo;
imagino sus coreografías y
sus coros motown y
de pronto estoy enamorado
de todo lo que me rodea

Mi léxico se queda corto
Sólo es la falta de constumbre
de un secundario hecho protagonista