Ajustar las velas

26 03 2008

Vuelvo la esquina esperando el sol que Thomas prometió en su poema, mientras juego con mi destino como Hegel, aderezándolo de polémica y tragedia. Rozando mi piel únicamente encuentro el frío aire que afilamos anoche desde la atalaya. Y quiero correr hacia él, abrazarlo, desabrocharme la camisa y dejar que se clave; escuchar sus acordes crecer, amables y elegantes o adornar mi solapa con sus condecoraciones volátiles de palabras disueltas en el tornado de la cama.

Y era previsible mi fracaso, pero por un momento creí ser capaz de entender su movimiento: un vaivén lineal - como nuestro mar en calma - que dora las señales de tráfico y el amanecer, reptando por el pavimento que crece separándonos constantemente. Lo dejé escapar al llegar a casa y desnudarme frente a la ventana y darme cuenta de que tras los cristales, nada puede afectarme.

Todo resulta en vano ahora. El viento ha cesado y yo ya no tengo ganas de correr.





Breve inciso (III): Easy/Lucky/Free

10 03 2008

En esta superficie me sobra el oxígeno y las novelas de moda; los estadios vacíos temblando y los furgones de los bancos llevándose primaveras en pleno marzo; las bandas sonoras de películas sin alma y la democracia decorada en dos colores. Quiero bucear hasta ver todo esto como un punto lejano, minúsculo, donde poder construir mi fuerte y reírme hasta llorar. Y borrar de mi mente todas las estupideces que he escrito para volver a sentirlas nuevas, extrañas y remendadas a mi medida. Y sentarme a observarlas, golpeando rítmicamente el escritorio con mis dedos, mientras envilece su fondo y su forma.

Y luego, simplemente, quiero volver a empezar.





Carta a todas tus catástrofes

3 03 2008

Vuestro baile hipnótico
parece citaros en algún punto
del horizonte
O quizá aprovechéis
el traqueteo, la inercia
con la que os abandono
para enredaros eternamente.

Hacéis que el cielo sea
tan grande que no haga falta
levantar la vista para verlo
Y lográis que suelte lastre
Y días sin inspiración,
Y la esencia épica
de lo nuestro.

Porque pocas cosas
mueven tanto y tan a su antojo
mi pulso y las coordenadas
de mi cuerpo como tu corazón eléctrico
y tu esqueleto de metal,
dejo en tus manos la decisión final:
olvidar mis delirios de papel y tinta azul
o resistirme para dejarlos morir
esperando queden impresos sobre ti
al paso del exprés de medianoche.