Café Bleu

26 01 2008

Cansado, llegué a tiempo
para declarar la guerra
a la inspiración que se desata
cada noche de invierno,
al otro lado de la línea.

Sólo el ansia me ciega
frente a todos mis despropósitos.
Y me siento levitando
sobre campos de escarcha fría y roja
mientras mi piel se equivoca y arde.

Quiero que nos resistamos
Que no volvamos a rendirnos
Que no remontemos más cielos
equivocados. Que no nos volvamos
a sentir como la tarde en la que
Platko nos robó nuestro sueño.

Que no nos resignemos
a este, su final impuesto.





Breve inciso (II): soliloquio

22 01 2008

Me senté a observarla abrazado a mi botella llena. La pude ver desde todos sus ángulos, pasando deprisa de un lado para otro, rozando con sus movimientos los marcos de las ventanas y puertas. La vi a través del ojo de mi vaso para intentar deformarla a mi mirada. Me privé de la vista para tratar de imaginármela moviéndose torpemente, sin ese dibujo de su falda bailando por encima de sus piernas, desafinando en aquel tarareo con el que me cautiva y me envenena.

¡Cuántas veces hubiera deseado saltar sobre su garganta implorando “sé imperfecta, miserable”! ¡Cuántas veces hubiera pedido a mi amor menos devoción y más valentía!

Pero nada de eso funcionaba. Todo proseguía bajo su ritmo sincopado y perfecto, turbándome cada segundo y robando de este estrato atmosférico todo mi oxígeno. Y en mi último trago me rendí. Y dejé caer mi admiración afilada en los dos agujeros profundos de mi pecho para esperar a que todo siguiera su curso natural: decidí morir privado de cordura a sobrevivir sin sus benditas melodías.

Pedí otra botella para matar el Tiempo - que tiene la vida tan dura - y para acelerar la Vida, que sin ella pasa tan despacio.





Ángel*

13 01 2008

No te preocupes, sabrás quién soy. Llevaré a mi alrededor un vacío pintado de rojo en expansión, sin fronteras; una maleta vieja en la que no cabe nada, en la que nunca me atrevería a guardar nada. Por mucho que tú lo pienses, no llevaré alas en la espalda ni coronas sobre la cabeza.

Bajaré del tren despacio, sin saltar el último peldaño, sereno como siempre y sin conseguir perder la cabeza como desearía. Dibujaré con mi aliento nubes en el aire del andén, que desaparecerán tan pronto como las lágrimas que me arrancará el frío de enero.

Me señalarás sin dudar. Me reconocerás por mi predilección por el fracaso, por mis cuentos sin fantasía, por mis incoherencias crónicas. Y no habrá posibilidad de confusión. Mi voz en medio del tumulto sonará clara. Quedará flotando entre tú y yo y las moléculas tóxicas que nos separan.

Entre la espada y la pared.





Heartbeat

6 01 2008

Hay temas recurrentes en mis escritos, o lo que viene a ser lo mismo, en mis sueños. Invaden las páginas llenas de tachones que preceden a esto que ahora lees, los paisajes de Castilla, el mar Cantábrico, las carreteras secundarias de noche, los cielos inmensos y -seguro- vacíos de justicia.

Pero siempre me despisto con las pequeñas cosas que les rodean. Me evado en las voces mudas que oigo o huyo en el vuelo de un insecto. Me reflejo en miles de cristales indescifrables y observo el vaho que despiden mis vanos intentos de firmar los versos que tú quieres leer. Y entonces comienza el ruido de las balas que no acerté a dirigir y todo es de nuevo tan confunso como antes de sentarme a escribir calado de razones.

Es imposible saber a ciencia cierta si existirá el día en el que mis esperas den con la palabra perfecta en el momento perfecto. Pero si ese instante se me escapa entre los dedos sin poder retenerlo entre nosotros, me sentaré a ver cómo se apaga en una décima de segundo y doblaré esa última esquina que nos queda escuchando apagarse mi pluma lentamente. Como un suspiro. Como un último latido.