No me malinterpretes. Me gustaría únicamente dejar algo digno de ser recordado por mí mismo: no hay segundas intenciones. Lucho por encontrar frases que tengan su propio ritmo. Aliteraciones que dejen la huella que soñé en tus labios. Metáforas tan crípticas que sólo las puedas descifrar con el código de mis ojos abiertos de par en par.
Nunca quise cambiar nuestra jerarquía. Todo funciona bien así, conmigo refugiado como un niño y contigo firme, alta e inalcanzable.
Estas líneas nacieron emborronadas al principio de nuestra Historia, con los párodos de nuestra tragedia ya entonados, sin esperanza. Y sin ella siguen buscando la manera de navegar hasta tu orilla para difuminar tus brillos hasta hacer de este bullicio una paz silenciosa.
Para poner un final con dolor
a nuestro dolor sin final.


Aunque al fin y al cabo la Historia ya sea historia. Qué bonito es el barniz que le dan tus palabras a la pantalla de mi ordenador siempre.
Que bellas palabras. Aunque las cosas no acaben es importante el esfuerzo que hace uno mismo por ponerles un final y si lo cuentan tan bien como tú, mejor que mejor!
un abrazo
No luches más por encontrarlo. Tus frases tienen ritmo. Tu ritmo.
Y a mi me parece fantástico.
Un abrazo