- Dime, hombre enigmático, ¿a quién prefieres? ¿A tu padre, a tu madre, a tu hermana o a tu hermano?
- No tengo padre, ni madre, ni hermana, ni hermano.
- ¿A tus amigos?
- Empleáis una palabra cuyo sentido me es hasta hoy desconocido.
- ¿A tu patria?
- Ignoro en qué latitud se encuentra.
- ¿A la belleza?
- Gustoso la amaría, diosa e inmortal.
- ¿Al oro?
- Lo odio, como vosotros odiáis a Dios.
- ¿Qué es, entonces, lo que amas, extraordinario extranjero?
- Amo las nubes…las que pasan…allá lejos…¡Las maravillosas nubes!
Recrearnos con un café, un libro, una foto, una canción. Tratar de memorizar cada curva de la carretera, en un paisaje desconocido, en una roca con la forma de tu espalda, en una encina como una lágrima sobre la colina. Retratarte en mi imaginación frente a cristaleras medievales, en miradores sobre murallas infinitas desde donde trazas cada calle con tu mirada de arena.
Sonreír en mitad de tu bostezo; rozar tus palabras colgadas con mis torpes sentidos. Y ver tus destellos en un espejo, tu mente en el reflejo del fluir del agua en la bañera, tus suaves movimientos en un poema de Baudelaire.
Y ofrecerte mis manos entrelazadas, mis ropas rotas, hechas girones. Mi adiós anudado a tus enigmas.
Y darte, como Rimbaud, estas pocas y repugnantes hojas de mi cuaderno de condenado.
Le gustaba la sensación de estar frente a todo aquello. Se sentía pequeño, pero tremendamente poderoso. Lentamente, tanto que hubiera hecho perder la paciencia a cualquiera, fijó aquel armazón de tres patas sobre el polvo seco, sediento de otoño. Encendió el cigarrillo que llevaba entre sus labios y exhaló. Pensó en todo lo ocurrido aquella mañana por última vez.
Desplegó la silla, una pequeña sillita azul que siempre llevaba consigo cuando salía con su cámara. Era el momento de esperar. Sabía que llegaría el momento perfecto donde dispararía un pedazo de perfección vista desde su objetivo. Se verían aquella silueta de un ábside medieval casi derruido y una inmensa esfera naranja muriendo detrás de ella. Y quizá algún ave despistado, a punto de dejar todo aquello atrás buscando tierras más cálidas, quisiera unirse. Sólo tenía que esperar.
Esperar.
Tendría la imagen necesaria para recuperar el equilibrio. Solo necesitaba tiempo. Desde pequeño había oído que las cosas buenas de la vida siempre se hacen esperar. Se sintió estúpido al encontrarse sólo, minúsculo, en aquella inmensa llanura, agarrándose a todas las cosas que quisieron inculcarle y de las que siempre había renegado.
Sólo esperar.
Y apurar el cigarro.
Y llorar.
O tratar de sacar todos sus demonios de una vez por todas.
O quedarse -por contra- en su búnker sin esperar nada a cambio, pero también sin tener que ofrecer una respuesta al mundo que se quedara fuera.
Se me hace difícil, ahora que toca a su fin, imaginarme un sólo verano de los últimos 6 ó 7 sin la compañía de este disco de Lemonheads, It’s a shame about Ray, del cual se publicó como single la canción que le daba título. Un pop-rock luminoso de toda la vida, pero con hechuras de clásico innegable.
¿Simple nostalgia? Quizá, pero es de esos momentos mágicos que simplemente merecen la pena recordar. Por cierto, que en el video sale Johnny Deep, cuyas amistades dentro del rock son más que conocidas.
80. Manic Street Preachers Revol (1994)
De la época más glam y más reivindicativa de los galeses Manic Street Preachers es justo rescatar algo. La desaparición del cuarto miembro Richey Edwards en el 95 dio al traste con gran parte aquella actitud que mantenían, convirtiéndose probablemente en uno de los grupos más comprometidos del panorama de aquella época. Pese a que aún algún tiempo después publicaran discos reseñables como el homenaje a la Guerra Civil Española de This is my truth, tell me yours (1998), su época dorada, aquella que les vio por un instante como el relevo de The Clash tras el maravilloso The Holy Bible (1994), fue el principio de su carrera.
De los muchos y buenos singles de entonces, Revol quizá simbolice como ninguno aquel cabreo con el mundo que quisieron gritar a los cuatro vientos.
79. Teenage Fanclub Star sign (1991)
Bandwagonesque (1991) fue un soplo fresco en la ventana del pop británico que empezaba a reaparecer con fuerza tras una década poco fértil. Era el tercer trabajo de los escoceses Teenage Fanclub, hoy convertidos en prácticamente, unos mitos vivientes debido a su brillante carrera. Fue uno de esos álbums donde lo que importa son única y exclusivamente las canciones.
Y vaya si las tenían. Pese a tener en su haber quizá alguna que otra muesca superior, Bandwagonesque sirvió de manual para el powerpop de los 90. Increíble este single extraído del mismo, Star sign
Hoy, como en el sombrío final del siglo XX, vivimos entre políticos aculturizados e intelectuales apolitizados. Hemos llegado a la cumbre del simplismo y del único camino. Nos han hecho olvidar nuestras utopías, la única parcela que aún nos quedaba, para que el duro pragmatismo que nos invade decida por nosotros y se presente como una nueva forma de totalitarismo, donde todos las ideas peligrosas para el sistema no tienen cabida, y donde la pesadilla de esta realidad se imponga, encarcelada en su propia falta de sueños.
Vivimos cual Karl Rossmann, atados a nuestras pertenencias sin una sola pregunta más que realizar y sin, sobre todo, encontrar respuestas a todo lo que ocurre. Es la anestesia generalizada la que nos mueve y nos guía. Estamos rodeados de vendedores de certezas y lo más preocupante es que -incoscientemente- es lo que buscamos y lo que nos mueve: certezas.
Y posiblemente, como Rafael Argullol argumenta, la única posibilidad de revertir esto es invocando a la complejidad, devolviendo a la sociedad una mirada sobre la metamorfosis mundial actual más madura y amplia. Olvidarnos del juego de buenos y malos en el que han convertido el mundo nuestros políticos. Y poder llegar a cantar, como Eef Barzelay , que nos odian por saber qué es lo que están haciendo con nosotros.
Ningún hilo conduce a la revolución. Sólo la torpe melodía de los astros, con su danza perfecta, milimétrica y vacía, nos recuerda que el mundo tiene gestos que el hombre desconoce. No vamos a cambiar nada. No quiero cambiar nada. En este reposo descansan las ciudades, a penas una ficción de movimiento, el giro sutil que nos anuda al tiempo...nuestros ciclos previstos. Mañana serán ceniza los muslos que hoy amamos. El cielo se desprenderá en bengalas. Llueve Revolución.
La I Entrega de Premios Dardo 2008 se abre paso entre un gran elenco de Premios de reconocido prestigio en el mundo de la literatura, y con él reconoce los valores que cada blogger muestra cada día en su empeño por transmitir valores culturales, éticos, literarios, personales, etc., que en suma, demuestran su creatividad a través su pensamiento vivo que está y permanece innato entre sus letras, entre sus palabras rotas.
Como dijo Oscar Wilde: "Las palabras viven por lo que vive".