90 singles right back from the 90’s (II)

10 07 2007

87. Eels Novocaine for the soul (1996)

El señor E (Mark Olivier Everett) junta una banda y la nombra Eels. Tras su primer esfuerzo en solitario con A man called (E), Beautiful Freak, el LP que contiene este single, se edita con gran éxito. Al menos consigue ser nominado al mejor vídeo por la MTV.

No estoy muy seguro de que E esté satisfecho por ello. De lo que debería estarlo es de que hoy, 11 años después, ese álbum siga vigente y siga siendo igual de turbador que entonces. Novocaine for the soul era buen exponente de ello. Un single lleno de humor ácido (antención a la línea Jesus and his lawyer / are coming back), crítica y originalidad. Casi nada.

86. The Bluetones Slight return (1996)

Lo confieso. Yo era de aquellos. De los que amaba cualquier grupo, principalmente británico, con corte de pelo beatlesco y con aquellas trencas que tan de moda estaban. The Bluetones era una de aquellas bandas.

Sólo que ellos sí han resistido el paso del tiempo. De hecho, discos como Expecting to fly (1996) han acabado reivindicándose como lo que son: trabajos sin altas pretensiones pero con un buen puñado de melodías, de buenos juegos vocales y de guitarras sesenteras de pop clásico.

Slight return es una de esas canciones que se guardan en algún lugar de tu mente y a las que recurres cuando, simplemente, quieres sonreír con su estribillo tontorrón.

85. Neutral Milk Hotel Holland, 1945 (199 8)

El pop brillante de Neutral Milk Hotel no ha tenido parangón. Quizá los más próximos a semejante hito (In an aeroplane over the sea (1998)) hayan sido Snowglobe y sus últimos 3 trabajos. Jeff Mangum hizo de su música algo con lo que soñar, saltar, cantar sin apenas respirar y sonreir.

Si con una simple palabra pudiera definir lo que la música de Neutral Milk Hotel me produce, esa palabra sería felicidad. Porque me resulta difícil, incluso en los malos momentos, no mover el pie y sonreir al ritmo de singles tan frenéticos como este Holland, 1945 del que no salió videoclip pero que podemos escuchar en este montaje con películas de Harold Lloyd.





90 singles right back from the 90’s (I)

9 07 2007

Mis 90 singles favoritos de los 90

90. Adorable Sunshine smile (1992)

Adorable era uno de aquellos grupos especiales. Vale, sé que se ha dicho esto hasta la extenuación, que hoy en día cualquier grupo puede decirlo en su hoja promocional y se quedan tan anchos. Pero hace algo más de una década, aquello tenía realmente sentido. Había sellos que no contrataban por contratar. Sobrevivían a base de trabajo, de mirar una y mil veces por aquellos circuitos de conciertos de Escocia y el hervidero de Manchester de principios de década, a cada banda, a cada solista…

Creation Records era uno de esos sellos. Creado por el pequeño loco escocés Alan McGee tuvieron en su haber algunas de las mejores bandas indies de la época. Algunas incluso se volvieron bandas de estadios que revolucionaron la escena musical y, algunos de paso, salvaron la industria británica de guitarras. Entre ellas contamos con, por ejemplo, Oasis o Primal Scream. Otras han sido y siguen siendo, reputadas bandas indies con millones de seguidores en Europa, como Teenage Fanclub o Super Furry Animals. Y otras, por desgracia, las podremos -solamente- recordar: Ride, Swervedriver, The Boo Radleys o los -este verano reunidos para unos conciertos- The Jesus & Mary Chain.

Y Adorable eran una de aquellas bandas. No hay duda. Tan sólo dos discos en apenas 4 años de existencia.6 singles. Pero en cada uno de ellos se deja notar lo que diferenciaban aquellas bandas de garajes (de amigos, de las de antes) de las demás. Poca promoción, conciertos minúsculos…pero ahí estaban las canciones. Las canciones son lo que cuentan. Adorable las tenían. Y ahí están, como un pequeño tesoro esperando a ser descubiertas, en sus dos largos Against Perfection (1993) -un título que es toda una declaración de intenciones- y Fake (1994). Amargura, decepción, amores platónicos y fracaso. Un dreampop directo a la diana.

Del primer trabajo extraigo Sunshine Smile.

89. Ride Vapour trail (1991)

First you look so strong / Then you fade away / The sun will blind my eyes / I love you anyway. Una voz a punto de resquebrajarse. Una guitarra rasgada y la entrada triunfal primero de la batería y posteriormente un arreglo de cuerdas realmente emocionante.

No hacen falta grandes alardes para firmar un clásico y con Ride siempre nos quedará la duda. Algunos opinan que nunca llegaron a editar un disco lo suficientemente grande como para llamarle clásico. Para mí, Nowhere (1990), el disco que contenía esta canción, sentó las bases de un movimiento efímero pero realmente imprescindible para conocer la música que se hacía en las islas por aquel entonces: el shoegazing.

En lo que todos los seguidores de esta clase de música estamos de acuerdo es en dos puntos básicos, a saber: ya nadie hace esta clase de música y que este Vapour trail es un single simplemente glorioso.

88. The Verve This is music (1995)

Sin el a posteriori emblemático Urban Hymns (1997) -tercer y último disco de la banda de Richard Ashcroft, el más exitoso de todos ellos- The Verve habría pasado a la historia como un grupo con poco reconocimiento en ventas pero mucho que decir en lo musical. Sus dos primeros trabajos eran grandes ejercicios de space rock con el que marcaban claramente su diferenciación con respecto a los grupos de su misma cosecha.

Nada tenía que ver, por aquel entonces, lo que The Verve hacían con lo que los grupos de primera fila publicaban, llámese Suede, Oasis, Blur o Radiohead. La componente psicodélica y, por llamarlo de alguna manera, espacial de la música de Ashcroft y cía les convertía en verdaderos outsiders. Este This is music nunca encabezó las listas de ventas. Tampoco A Northern Soul (1995), su álbum. Pero quizá se mereció estar a la altura de los archiconocidos singles que vendrían más tarde (Bittersweet Symphony, The drugs don’t work…).





Wine & Roses

2 07 2007

Días de vino y rosas. Quizá los últimos. Atardeceres de un verano en la costa en el que las sonrisas, las cortesías, suelen ser armas de doble filo que juegan a construir casas de naipes y soplar fuerte y decididamente justo después del último par colocado.

El paisaje de la Toscana que lo invade todo. Una ciudad, Ferrara, despreocupada, ignorando el advenimiento de una Gran Guerra - la segunda - asomándose a los cafés, los cines y teatros, los burdeles y su vista al Po. Médicos, abogados, ingenieros, poetas paseando del brazo de sus bellas esposas mientras el mundo gira cada vez más cerca del centro de la espiral que conduce a la autodestrucción propia y ajena.

Y justo en medio del relato, como una constante, como la gravedad que nos posee y nos hace deslizar por laderas y precipicios, la soledad. Todo gira, todo evoluciona, todo avanza. Y todo, absolutamente todo, acaba frente a su insuperable muro, donde se leen entre piedra y piedra las vidas destrozadas de la gente que posee todo y acaba perdiéndolo, quedando sólo los recuerdos de aquellas playas rojas y de sus casetas de baño de colores. De Blue moon sonando en las terrazas de los hoteles. Del azul oscuro casi negro del Adriático de mediodía.

*A propósito de Los anteojos de oro de Giorgio Bassani (1958)*