Discos para un mundo mejor (II)

25 06 2007

Nadie sabe muy bien lo que pasa por la cabeza de Daniel Johnston (Sacramento, 1961). Su mirada suele dirigirse al vacío. The Devil and Daniel Johnston (2005) es la reciente película que así lo atestigua (premiada en la edición de aquel año en el festival de Sundance).

Tampoco conocemos muy bien los demonios que le habitan. Esos demonios que hacen que sus conciertos duren a penas 15 ó 20 minutos ya que el propio Johnston pierde la noción del tiempo. Tan sólo sabemos sus nombres: trastornos bipolares y maníaco depresivos.

The Devil an Daniel JohstonEl chico problemático, el outsider del folk americano, adoraba a The Beatles, a Bob Dylan y a Neil Young. Colgaba sus discos en el árbol de Navidad de su familia. Desparecía por completo durante meses haciéndose feriante o se perdía en Nueva York volviendo locos a los Sonic Youth que pasaron toda una noche persiguiéndole por la ciudad. Vivía obsesionado, atrincherado en su propio sufrimiento y locura con dos cosas: salir en la MTV y Laurie, la cajera de aquella pequeña tienda de la cual estaba completamente enamorado. Pasó de chico rarito e incomprendido a músico de culto cuando Kurt Cobain salió en las portadas de las revistas de música más importantes del mundo con una camiseta suya, con aquellas ilustraciones que el mismo realizaba una a una para vender cassettes a todos sus amigos e intentar hacerse un hueco. Grababa con un pequeño teclado casio y una grabadora de una sola pletina en el garaje de su hermano, que no tardó en echarle de casa, y tenía por tanto, que repetir la grabación entera cuando alguien le pedía su disco.

Iba a todos los funerales que organizaba las pompas fúnebres del marido de Laurie solo por verla. Su obsesión por el miedo a Dios, inculcado como a todos los cristianos desde pequeño, únicamente servía para aterrorizarle, para trastornarle y lograr que perdiera el control en muchos de sus recitales. Quitó las llaves del contacto de la avioneta de su padre cuando volvían a casa tras el concierto más grande de su carrera y las lanzó por la ventanilla, sobreviviendo de milagro. Pasó por decenas de manicomios. Fue despedido por Atlantic tras vender 5000 copias de su primer y último álbum en la compañía.

folder.jpgEsta y muchas otras cosas llenaban la cabeza de Daniel Johnston. Sólo así se entiende la verdadera veneración que causa su trabajo, que es probablemente el cancionero más crudo, más doloroso y más (extrañamente) bello de los últimos 20 años. Sólo así se justifican los necesarios tributos que gente como Teenage Fanclub, Jad Fair, Flaming Lips, Death Cab For Cutie, Beck o Sparklehorse han hecho en los últimos tiempos. Así, y sólo así se puede llegar a enteder qué se oculta tras discos tan misteriosos y tan jodidamente bonitos como Yip-jump music (1983).

TRUE LOVE WILL FIND YOU IN THE END





Otra verdad incómoda

14 06 2007

En estos días de consumo rápido, la gente devora discos, libros, películas…Pasamos de puntillas sobre todas las formas de arte imaginables. Nadie se para ya delante de un texo y lo relee, y mucho menos espera a sacar sus propias conclusiones. Vemos películas que nunca provocan nada en nosotros. El hecho de que internet facilite el acceso nos provoca la necesidad de consumirlo todo a marchas forzadas por miedo a estarnos perdiendo el sumun de la modernez y como consecuencia, ya casi no hay discos de culto, de esos que llevan su tiempo verlos en total dimensión. Todo se ha masificado.

En esa dirección apunta sin vergüenza alguna Al Gore en Una verdad incómoda, donde parece poco menos que el mesías que necesitábamos para abrirnos los ojos. Admito que el mero hecho de que alguien que pisó la Casablanca en calidad de vicepresidente hable de estos temas ya es un avance y no seré yo quien le reste importancia a este paso, grande o pequeño según se mire.

Grande porque es obvio que el mensaje podrá llegar a mucha más gente. Porque la cara de Al Gore delante de unas diapositivas de Power Point (la mayoría un poco cutrillas) ya da cierta importancia a un tema capital. Porque la distribución en cuestión de la cinta es enorme y porque por poco que entienda y atienda el espectador, puede que salga con alguna conclusión entre manos.

Pero pequeño por contenidos. Porque se apela más a ensalzar a un “héroe” que ya estuvo en la Casablanca y que no movió un solo dedo. Porque no se invierten los suficientes esfuerzos en desmitificar la supuesta división en la comunidad científica. Porque habría que haber sacado menos planos del “solitario gladiador” (algunos de ellos casi dan risa) y haber dejado claro que de lo que hablamos no es una teoría si no un hecho. Porque la imagen de Gore frente a un auditorio que aplaude sus ejemplos-para-niños-de-cuatro-años le da un aire de predicador de iglesia estadounidense preocupante y sobre todo por la sensación de estar ante un constante bombardeo de marketing más que ante un tema tan importante. Y por no haber señalado claramente a los responsables de fracasos como los de Kyoto. Poca denuncia y mucho minutaje malgastado en el personaje en cuestión.

Una oportunidad perdida a medias, pero que en mi opinión debe ser bienvenida vistas las portadas de los periódicos de los últimos meses.

Más sobre el Calentamiento Global:

  • Wikipedia: Calentamiento Global

  • Calentamiento Global (Blog)

  • Cambio climático @ Greenpeace





    1967-2007: Tangerine Trees and Marmalade Skies

    1 06 2007

    Sgt Pepper's Lonely Hearts Club Band

    01-06-1967

    “Quienes compraron nuestros discos en el pasado comprenderán que no podíamos seguir igual eternamente. Deberemos cambiar, y creo que ellos lo saben.
    He tenido mucho tiempo para pensar, y sólo ahora empiezo a comprender muchas de las cosas que hubiese debido saber hace años. Empiezo a entender mis sentimientos. No olviden que tras esta camisa con chorreras hay un hombre de 100 años que ha visto y hecho muchas cosas, pero al mismo tiempo sabe muy poco.” (John Lennon)

    “Era el comienzo de la época hippy, y un aura hippy flotaba por toda América. Empecé a pensar cuál era el nombre más disparatado posible que se le podía poner a un grupo. Por aquel entonces había montones de grupos con nombres como “Laughing Joe and His Medicine Band” o “Col Tucker’s Medicinal Brew and Compound”; todo ese rollo de las caravanas del Viejo Oeste, con nombres larguísimos. Y así, de la misma manera en que John había puesto lo del pingüino elemental y los fumadores que se asfixiaban en I am the Walrus, acabé juntando esas palabras: “Sgt Pepper’s Lonely Hearts Club Band”.
    Les comenté mi idea en Londres: “Ya que intentamos alejarnos de nosotros mismos, dejar atrás las giras y hacer algo más surrealista, ¿qué tal si nos convertimos en otro grupo, algo como “Sgt Pepper’s Lonely Hearts Club Band”? He empezado a escribir una canción con ese título.” (Paul McCartney)

    Lucy in the sky with diamonds me encanta. John siempre supo dar una atmósfera especial a sus canciones. Me gustaban particularmente esos sonidos en los que consiguió superponer algunos instrumentos indios a la música occidental. Yo había escrito algunas cosas, como Within you without you, en las que intentaba usar los instrumentos indios, pero bajo circunstancias normales eso no funcionaba en una canción occidental como Lucy…, con sus cambios de acordes y modulaciones (En tanto que las tambouras y los sitars nunca cambian de clave). Me gustaba la manera en que se podía introducir el zumbido de la tamboura.” (George Harrison)

    Sgt Pepper fue nuestra empresa más ambiciosa. Nos dio a todos -yo incluido- mucha libertad para aportar ideas y probar distintos materiales. John y Paul solían escribir canciones en casa -o donde quiera que estuviesen-, y luego las traían y decían: “Tengo esto”. Habían empezado a trabajar de una manera cada vez más independiente el uno del otro, pero aún traían trozos y se ayudaban, y todos echábamos una mano. Lo bueno del grupo era que daba igual quién tuviera la mejor idea, porque al final era ésa la que usábamos. Nadie se subía a su ego y se ponía posesivo diciendo: “Es mía”. Siempre se usaba lo mejor. Por eso la calidad del as canciones siguió siendo muy alta. Podía ocurrir cualquier cosa, y ese poceso era muy emocionante. Aunque no estuivera allí cada día, pude ver cómo se desarrollaba.” (Ringo Starr)