Discos para un mundo mejor (I)

18 05 2007

Sería fácil empezar con un “cuenta la leyenda”, pero realmente fue así. Norah Guthrie, hija del cantautor norteamericano más importante de la primera mitad del siglo XX, Woody Guthrie, encontró unos manuscritos inéditos del autor de This land is your land, descolgó el teléfono y llamó al gran poeta y músico Billy Bragg. Éste abrió su agenda por la W y telefoneó a Jeff Tweedy, de Wilco, para musicar todo aquello. Le sentó en una mesa y dejó claro que aquello no era un álbum homenaje, debía ser algo a tres bandas: Bragg, Wilco y el más allá.

Y más bien salió algo a tres bandas y con doble pirueta mortal hacia delante. Había material de sobra y así llegaron dos pequeñas joyas: Mermaid Avenue Vols I & II.

Primera muesca

Woody Guthrie siempre fue un cantautor de ideas. Comunista y antifascista declarado, nunca fue demasiado apreciado por lo radical de sus ideas. Dylan lo fijó como su fuente y Strummer (The Clash), años más tarde, publicó su amor hacia él colocando mensajes en su guitarra como el propio Guthrie. Por eso destaca la belleza de estas letras nunca publicadas. Secó su rabia interna por un mundo convulso sin demasiado sentido de la justicia y cantó, simplemente, a la belleza de Ingrid Bergman (Ingrid Bergman), las noches californianas (California Stars magistralmente musicada por Wilco y que publicaron como single) o a alguna historia de amor acabada (Remember the mountain bed que es, a su vez, la letra más bonita que jamás haya oído).

Los dos discos tomados en su conjunto son una sucesión de balazos impecables de unos y de otros en una especie de carrera conjunta, una de esas en las que los atletas entran en meta cogidos de la mano. Canciones de bardos del medievo, dejándose querer por el entorno de grabación (Dublín) hasta rozar las canciones portuarias irlandesas, folk-rock con herencia de, cómo no, Guthrie, Dylan o, en las más emotivas, el Harvest de Neil Young. Voces femeninas para, dejar atrás el cinismo actual y seguir creyendo, como ÉL (en mayúsculas) que con el arte sí se pueden cambiar cosas, que las canciones pueden hacer cada día un poquito mejor que el anterior.

Segunda muesca

Dos discos que muestran caras parecidas pero complementarias, todo un testamento y un licuado de 3 talentos (Tweedy y Bennett de Wilco, dos de los mejores songwriters de nuestro tiempo) y Billy Bragg, el autor de algunos de los mejores haikus políticos desde que dejara atrás el punk de finales de los 70 junto a Riff Raff y se pasara a la protesta con discos tan perfectos como Talking with the taxman about poetry, una figura que debería ser tan grande como la de Paul Weller.





Desierto

6 05 2007

Me desperté con el azul entre las cejas. El resto, la misma rutina. El agua resbalando y marchándose sin remedio por enormes tuberías que la llevan al mar; el café enfriándose en su tacita negra, como un ataud abierto a la atmósfera que absorbe su vida poco a poco; la tinta fresca de los periódicos manchándome las yemas de los dedos y mi manía de hurgar en mis heridas cerradas y reabrirlas buscando palabras, canciones, libros o lo primero que cruce mi camino.

Y el cielo cae. Ya no es la misma losa que antes. Cae hecho arena con su implacable camino hacia un verano enorme. Y a veces todo esto sólo parece un enorme desierto.